sábado, 19 de abril de 2014

HOY ME HABLAN DE TI...

NO HAY NADIE MAS FIEL
NO HAY QUIEN ME ACOMPAÑE 
NO HAY QUIEN ME ESCUCHE
NO HAY QUIEN ME ABRACE
NO HAY NADIE...
... COMO EL AMADO...



viernes, 18 de abril de 2014

SU INMENSA MISERICORDIA

 

 

Isaías 55

Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Misericordia gratuita para todos

55  A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche.

2 ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura.

3 Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David.

4 He aquí que yo lo di por testigo a los pueblos, por jefe y por maestro a las naciones.

5 He aquí, llamarás a gente que no conociste, y gentes que no te conocieron correrán a ti, por causa de Jehová tu Dios, y del Santo de Israel que te ha honrado.

6 Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.

7 Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.

8 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.

9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

10 Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come,

11 así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

12 Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso.

13 En lugar de la zarza crecerá ciprés, y en lugar de la ortiga crecerá arrayán; y será a Jehová por nombre, por señal eterna que nunca será raída.

EL SIERVO DE JEHOVA




Sufrimientos del Siervo de Jehová

13 He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto.
14 Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres,
15 así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído.
53  ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?
2 Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos.
3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.
4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.
5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.
7 Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.
8 Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido.
9 Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.
10 Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.
11 Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.
12 Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.

jueves, 17 de abril de 2014

LA CENA DE PASCUA

Hasta entonces, asi celebraba el Maestro la cena de pascua cada año, muchos dicen que Jesús no lo hacía como acostumbraban los judíos, otros dicen que sí lo hacía.
Personalmente creo que si lo hacía ya que vivía entre judios y respetaba muchas de sus costumbres.
Si bien el la biblia habla del pan y del vino, no quiere decir que no hubo más comida ni el ritual tal cuál lo celebraban los judios.
Jesús propuso unos cambios en la celebracion tradicional de la cena de Pascua, no porque quisiera cambiarla o porque era inadecuada, sino simplemente porque Él es el cordero del nuevo pacto gracias al derramamiento de su santa y preciosa sangre.

Anteriormente los judios comian carne de cordero, Jesús eliminó esto. Cristo es el cordero sin mancha.

Anteriormente tomaban 5 copas de vino durante la cena, la última copa era la llamada copa de Elías, bien pues Elías anunciaba la venida del señor, recordemos que Juán cumplió ésta profecia, así que por lo tanto esta copa tambien se eliminó, aunque algunos judios, aun la siguen colocando en la mesa, sin beberla, pues creen que el espiritu de Elías esta presente en este ritual.

Y como dato para quienes nunca hemos celebrado rituales judios, el pan que usó Cristo en esta celebración fue el llamado MATZÁH  Y si se tomaba vino, con la aclaración de que nunca se excedió en su consumo, pues no se trata de embriagarse con esto.

BIEN  AQUI LES DEJO COMO ES LA CELEBRACION JUDIA DE LA CENA DE PASCUA.

 SACAR LA LEVADURA (Bedikat Jametz)
Antes de empezar la Pascua, toda la levadura, que es símbolo de pecado (I Cor. 5:6-8), debe ser quitada de la casa judía. Se limpia la casa de arriba a abajo sacando cualquier cosa que contenga levadura. Después, la noche antes de la Pascua, el padre de la casa toma las herramientas tradicionales de limpieza: una pluma, un cuchillo de madera y una bolsa y busca por toda la casa cualquier pedazo de levadura que halla sido olvidada
 
LAVAR LAS MANOS (Urjatz)
Una vez que la levadura es sacada, la familia se sienta alrededor de la mesa y ceremonialmente lava las manos con un aguamanil y una toalla.
 
 ENCENDER LAS VELAS (Jadelaket)
Cuando la casa y los participantes están limpios ceremonialmente, la celebración del Seder puede comenzar. La mujer de la casa dice una bendición y enciende las velas de la Pascua.
 
HAGADA
Hagadá significa "contar la historia" de la Pascua. La historia se basa en la respuesta a cuatro preguntas hechas por los hijos. Una de ellas es: ¿Por qué ésta noche es diferente de todas las otras noches? El padre procede a contar la historia del éxodo de Egipto, leyendo del libro "el Hagadá" y usando símbolos y lecciones prácticas para mantener el interés de los más pequeños.
 
 LA PRIMERA COPA DE VINO (Kadesh)
El Seder comienza recitando antes de tomar la primera de las cuatro copas de vino: "Bendito seas Tú, Adonai nuestro Dios, rey del universo, quien creó el fruto de la vid".
 
 LA SEGUNDA COPA DE VINO (Mishpat)
La segunda copa es para que recordemos las diez plagas y el sufrimiento de los egipcios cuando endurecieron sus corazones contra Dios. De manera que no nos regocijemos por el sufrimiento de nuestros enemigos (Prov. 24:17), derramamos una gota de vino (lo cual es un símbolo de gozo) mientras recitamos cada una de las diez plagas, recordando de ese modo que nuestro gozo disminuye con el sufrimiento de los demás.
 
 AFIKOMEN (Yajatz)
Una tradición muy curiosa aparece ahora. En la mesa hay una bolsa con tres compartimentos y tres pedazos de matzos (mazorcas). La matza del medio se saca, se quiebra y la mitad se pone de nuevo adentro de la bolsa. La otra mitad se envuelve en una servilleta de lino y se esconde, para ser sacado después de la cena.
 
 EL PLATO DEL SEDER
Los rabinos han desarrollado una serie de lecciones objetivas para mantener la atención de los pequeños durante la celebración Pascua. Estas cosas son probadas por cada persona, mientras reciben la instrucción de sentirse como si estuvieran ellos huyendo de Egipto.
 
 KARPAS
La primera cosa que se prueba son las karpas, normalmente perejil, el cual es un símbolo de vida. El perejil está sumergido en agua salada, un símbolo de lágrimas, y se come para que recordemos que la vida de nuestros antepasados fue "sumergida" en lágrimas.
 
 BEITZAH
Un huevo (marrón) esta sobre el plato del Seder para que pensemos en el diario sacrificio quemado que no se puede ofrecer por falta del templo de Jerusalén. En la mitad del Seder de la Pascua la gente ve que no tienen la posibilidad de hacer un sacrificio que los justifique delante de Dios.
 
 MAROR
Usualmente consiste en rábano picante picado y se come lo suficiente (con Matzo) para producir lágrimas. La idea es que no podemos apreciar la dulzura de la redención sin experimentar la amarga esclavitud.
 
 JAROSET
El Jaroset es una mezcla dulce de manzanas picadas, nueces picadas, miel, canela y un poquito de vino rosado por el color. Esta mezcla dulce, marrón y pastosa es símbolo del cemento que nuestros antepasados usaron para construir ladrillos en la tierra de Egipto. ¿Por qué recordamos una experiencia tan amarga con algo tan dulce? Los rabinos tienen un buen discernimiento: aún la más amarga de las tareas puede ser dulce cuando se acerca la redención.
 
 UN HUESO DEL CORDERO
En cada casa judía, en cada plato de Seder, hay un hueso de cordero sin carne. En el libro de Éxodo, los primogénitos judíos eran salvados del ángel de la muerte por la aplicación de la sangre de un cordero inocente, sin mancha, en los dinteles de sus puertas de esa manera Dios llevó el pueblo desde la esclavitud hacia la libertad.
 
 LA CENA
¡Ah! A pesar de las maravillas de la tecnología moderna, todavía no podemos traerles la parte más memorable de la Pascua: la cena. ¡Exactamente como la abuela solía hacerla! Imagina: la sopa de pollo caliente; bollos de matzo; algún matza; rebanadas de pescado casero con rábano picante que te hace llorar; más matzo, hígado picado con cebollas fritas sobre lechuga; más matzo; ensalada; más matzo; más cebollas fritas; más matzo y esta es la entrada!
 Después viene la cena: ¿puedes olerla? Un pecho de res tierna con repollo; más matzo; pollo saltado; pollo al horno; pollo estofado; pollo hervido; pollo asado; pollo cocido y más matzo; un pavo entero al horno, más matzo, chauchas cortadas con cebollas; más matzo; batatas; más matzo; puré de papas nadando en manteca y más matzo.
 ¿Están listos para el postre? Tienen que esperar, porque ahora es tiempo de continuar con el Seder.
 
 BUSCAR EL AFIKOMEN (Pedazo de Matza) (ESTA PARTE NO LA CELEBRÓ EL SEÑOR EN SU ULTIMA CENA, PUESTO QUE NO HUBO NIÑOS EN LA CELEBRACIÓN DE ESA NOCHE, aunque posiblemente si se llevó a cabo en años anteriores)

Después de terminar con la cena, el líder del Seder permite que los chicos vayan a buscar el Afikomen envuelto en la servilleta de lino y escondido antes de cenar. La casa está en desorden mientras todos tratan de ser el primero en encontrar el Afikomen y ganar el premio que el abuelo paga. Cuando el líder recupera el Afikomen, él lo quiebra en pedazos y le da un trozo pequeño a cada persona sentada alrededor de la mesa. Hay judíos que no entienden esta tradición pero las tradiciones no tienen que ser entendidas - solamente seguidas. Sin embargo, muchos creen que los pedazos de Afikomen traen una vida buena y larga para aquellos que los comen.
 
LA TERCERA COPA
La tercera copa de vino se toma después de la cena. Es la copa de redención, para recordar el derramamiento de la sangre del cordero inocente que nos redimió de Egipto.
 
 LA CUARTA COPA
La cuarta copa es la copa de "Hallel." Hallel en hebreo significa "adoración," 

Finalmente se canta a Dios, unos salmos no estarían mal.



Bendiciones.

 

LA ULTIMA CENA

La Última Cena


(1936.1) 179:0.1 DURANTE la tarde de este jueves, cuando Felipe recordó al Maestro que se acercaba la Pascua y preguntó sobre los planes para su celebración, pensaba en la cena de Pascua que debía comerse a la tarde del día siguiente, viernes. Era costumbre comenzar las preparaciones para la celebración de la Pascua no más tarde que el mediodía del día anterior. Puesto que los judíos consideraban que el día comenzaba a la puesta del sol, eso significaba que la cena de Pascua del sábado se comería el viernes por la noche, poco antes de la medianoche.
(1936.2) 179:0.2 Los apóstoles, por lo tanto, no podían comprender el anuncio del Maestro de que celebrarían la Pascua un día antes. Pensaban, por lo menos algunos de ellos, que él sabía que sería arrestado antes de la hora de la cena pascual el viernes por la noche y, por consiguiente, los convocaba para una cena especial este jueves por la noche. Otros pensaban que ésta era simplemente una ocasión especial, que precedería a la celebración regular de la Pascua.
(1936.3) 179:0.3 Los apóstoles sabían que Jesús había celebrado otras Pascuas sin cordero; sabían que personalmente no participaba en ninguno de los servicios del sistema judío que incluían sacrificios. Muchas veces había compartido el cordero pascual como huésped, pero en todos los casos en que él era el anfitrión, no se servía cordero. No habría sido para los apóstoles una gran sorpresa que se omitiera el cordero aun la noche de la Pascua, y puesto que esta cena se ofrecía un día antes, no les llamó la atención que faltara el cordero.
(1936.4) 179:0.4 Después de recibir los saludos y la bienvenida del padre y de la madre de Juan Marcos, los apóstoles fueron inmediatamente al aposento de la parte alta, mientras Jesús se quedaba atrás para hablar con la familia de Marcos.
(1936.5) 179:0.5 Se había acordado de antemano que el Maestro celebraría esta ocasión a solas con sus doce apóstoles; por lo tanto, no se había dispuesto que hubiera siervos para servirles.

1. El Anhelo de la Preferencia

(1936.6) 179:1.1 Cuando los apóstoles fueron conducidos arriba por Juan Marcos, contemplaron una cámara amplia y cómoda que había sido completamente dispuesta para la cena, y observaron que el pan, el vino, el agua y las hierbas estaban listos a un extremo de la mesa. Excepto por el extremo en el que estaban dispuestos el pan y el vino, esta larga mesa estaba rodeada de trece triclinios de los que se proveían para la celebración de la Pascua en los hogares judíos de buena posición económica.
(1936.7) 179:1.2 Cuando los doce entraron al cuarto superior, notaron, inmediatamente junto a la puerta, los cántaros de agua, las vasijas y las toallas para lavarse los pies polvorientos; puesto que no se habían proveído siervos para rendir este servicio, los apóstoles se miraron entre sí en cuanto Juan Marcos les dejó, y cada uno pensó para sus adentros, ¿quién lavará nuestros pies? y cada uno del mismo modo pensó que él no sería quién actuara de esta manera como siervo de los demás.
(1937.1) 179:1.3 Mientras estaban allí parados con este dilema en el corazón, observaron el arreglo de los asientos junto a la mesa, tomando nota del diván más alto del anfitrión, con un triclinio a la derecha y los otros once dispuestos alrededor de la mesa, frente a este segundo asiento de honor a la derecha del anfitrión.
(1937.2) 179:1.4 Esperaban que el Maestro llegara en cualquier momento, pero estaban en dudas si debían sentarse o esperar su llegada para que les asignara su sitio. Mientras titubeaban, Judas se dirigió al asiento de honor, a la izquierda del anfitrión, y manifestó que tenía la intención de reclinarse allí como huésped preferido. Esta acción de Judas inmediatamente produjo una disputa violenta entre los demás apóstoles. No acababa Judas de apropiarse el asiento de honor cuando Juan Zebedeo reclamó para sí el siguiente asiento preferido, el que estaba situado a la derecha del anfitrión. Simón Pedro tanto se airó por esta toma de posiciones preferidas de Judas y Juan que, mientras los demás apóstoles observaban enojados, dio la vuelta a la mesa y se ubicó en el triclinio más bajo, al final de la fila de asientos y frente al que había elegido Juan Zebedeo. Puesto que otros habían tomado los asientos altos, Pedro pensó en elegir el más bajo, y lo hizo, no solamente en protesta contra el orgullo poco elegante de sus hermanos, sino con la esperanza de que Jesús, cuando entrara y lo viera en el lugar menos honroso, lo llamara a uno más alto, desplazando así a aquel que había presumido honrarse a sí mismo.
(1937.3) 179:1.5 Con las posiciones más altas y más bajas ya ocupadas, el resto de los apóstoles eligieron lugares, algunos junto a Judas y otros junto a Pedro, hasta que todos ellos se ubicaron. Se sentaron alrededor de la mesa en forma de U, en estos divanes, en el siguiente orden: a la derecha del Maestro, Juan; a la izquierda, Judas; Simón el Zelote, Mateo, Santiago Zebedeo, Andrés, los gemelos Alfeo, Felipe, Natanael, Tomás y Simón Pedro.
(1937.4) 179:1.6 Están reunidos para celebrar, por lo menos en espíritu, una institución que antedataba aun a Moisés y se remontaba a los tiempos en los que sus padres eran esclavos en Egipto. Esta cena es su último encuentro con Jesús, y aun en tal ocasión solemne, bajo el liderazgo de Judas, los apóstoles se dejan llevar una vez más por su vieja predilección por el honor, la preferencia y la exaltación personal.
(1937.5) 179:1.7 Aún estaban recriminándose airadamente unos a otros cuando apareció el Maestro en la puerta, permaneciendo allí un instante mientras su rostro se inundaba lentamente de una expresión de desencanto. Sin hacer comentario alguno se dirigió a su asiento, y no cambió la distribución de los asientos de ellos.
(1937.6) 179:1.8 Ya estaban listos para empezar la cena, excepto que sus pies aún estaban sin lavar, y que estaban en un estado de ánimo que era de todo, menos agradable. Cuando el Maestro llegó, aún estaban discutiendo de forma poco halageña entre ellos; y no hablemos de los pensamientos de algunos de ellos que tenían suficiente control emocional como para no expresarlos públicamente.

LA ULTIMA CENA

2. El Comienzo de la Cena

(1937.7) 179:2.1 Por unos momentos después de que el Maestro se sentó en su lugar, no se habló una palabra. Jesús los miró a todos y, aliviando la tensión con una sonrisa, dijo: «Mucho he deseado comer con vosotros esta Pascua. He deseado comer con vosotros una vez más antes de mi sufrimiento, y sabiendo que mi hora ha llegado, dispuse hoy esta cena con vosotros porque, en cuanto al mañana, estamos en las manos del Padre, cuya voluntad he venido a hacer. No volveré a comer con vosotros hasta que os sentéis conmigo en el reino que mi Padre me dará cuando haya terminado aquello para lo cual me envió a este mundo.»
(1938.1) 179:2.2 Después de mezclar el agua y el vino, trajeron la copa a Jesús quien, cuando la hubo recibido de las manos de Tadeo, la levantó dando gracias. Y cuando hubo terminado de dar gracias, dijo: «Tomad esta copa y compartidla entre vosotros, y cuando compartáis de ésta, percataos de que no volveré a beber con vosotros el fruto de la vid, puesto que ésta es nuestra última cena. Cuando nos sentemos nuevamente de esta manera, lo será en el reino venidero».
(1938.2) 179:2.3 Jesús así comenzó a hablar a sus apóstoles porque sabía que su hora había llegado. Comprendía que había llegado el momento en que tenía que retornar al Padre, y que su obra en la tierra estaba casi terminada. El Maestro sabía que había revelado el amor del Padre sobre la tierra y había mostrado su misericordia a la humanidad, y que había completado aquello para lo cual había venido al mundo, aun hasta recibir todo poder y autoridad en el cielo y en la tierra. Del mismo modo sabía que Judas Iscariote ya había resuelto entregarlo esta noche a las manos de sus enemigos. Se daba cuenta plenamente de que esta pérfida traición era trabajo de Judas, y que también le había dado placer a Lucifer, Satanás y Caligastia, el príncipe de las tinieblas. Pero no temía a ninguno de los que buscaban su caída espiritual, así como tampoco temía a los que buscaban su muerte física. El Maestro tenía una sola ansiedad, y ésa era por la seguridad y salvación de sus seguidores elegidos. Así pues, con el conocimiento pleno de que el Padre había puesto todas las cosas bajo su autoridad, el Maestro se preparaba ahora para promulgar la parábola del amor fraterno.

LA ULTIMA CENA

3. El Lavado de los Pies de los Apóstoles

(1938.3) 179:3.1 Después de beber la primera copa de la Pascua, era costumbre judía que el anfitrión se levantara de la mesa y se lavara las manos. Más adelante en el curso de la comida y después de la segunda copa, todos los huéspedes del mismo modo se levantaban y se lavaban las manos. Puesto que los apóstoles sabían que su Maestro nunca observaba estos ritos de lavado ceremonial de las manos, tenían curiosidad por saber qué tenía intención de hacer cuando, después de compartir esta primera copa, se levantó de la mesa y silenciosamente se dirigió junto a la puerta, donde estaban dispuestos los cántaros de agua, las vasijas y las toallas. Y su curiosidad se transformó en asombro cuando vieron que el Maestro se quitaba su manto, se envolvía en una toalla y comenzaba a echar agua en una de las vasijas para los pies. Imaginad el asombro de estos doce hombres, que tan recientemente se habían negado a lavarse los pies unos a otros, y que se habían enredado en disputas tan poco elegantes sobre los sitios de honor en la mesa, cuando le vieron dar la vuelta alrededor del extremo no ocupado de la mesa, hasta el asiento más bajo del festín, en el que se reclinaba Simón Pedro y, arrodillándose en actitud de siervo, se preparó para lavarle los pies a Simón. En el momento en que se arrodilló el Maestro, los doce se pusieron de pie al unísono; aun el traidor Judas olvidó por un momento completamente su infamia y se levantó con sus compañeros apóstoles en esta expresión de sorpresa, respecto y asombro total.
(1938.4) 179:3.2 Allí estaba pues Simón Pedro de pie, mirando hacia abajo al rostro levantado de su Maestro. Jesús no dijo nada; no era necesario que hablara. Su actitud revelaba claramente que estaba dispuesto a lavarle los pies a Simón Pedro. A pesar de la fragilidad de la carne, Pedro amaba al Maestro. Este pescador galileo fue el primer ser humano que creyó de todo corazón en la divinidad de Jesús e hizo una confesión plena y pública de esa fe. Y Pedro nunca había dudado, ni una sola vez, de la naturaleza divina del Maestro. Puesto que Pedro tanto reverenciaba y honraba a Jesús en su corazón, no es extraño que su alma se resintiera de la idea de Jesús arrodillado allí frente a él en actitud de siervo inferior, proponiéndose lavarle los pies como lo haría un esclavo. Cuando Pedro consiguió volver en sí lo suficiente como para dirigirse al Maestro, expresó los sentimientos sinceros de todos los demás apóstoles.
(1939.1) 179:3.3 Después de algunos momentos de gran incomodidad, Pedro dijo: «Maestro, ¿es que realmente piensas lavarme los pies?» Luego, levantando la mirada al rostro de Pedro, Jesús dijo: «Tal vez no comprendas plenamente lo que estoy por hacer; pero más adelante sabrás el significado de todas estas cosas». Entonces Simón Pedro, respirando hondo, dijo: «Maestro, ¡jamás lavarás mis pies!» Cada uno de los apóstoles indicó con la cabeza su aprobación de la firme declaración de Pedro al negarse a permitir que Jesús se humillara de esta manera ante ellos.
(1939.2) 179:3.4 La atracción dramática de este espectáculo insólito llegó a tocar al principio el corazón de Judas Iscariote; pero cuando su intelecto vanaglorioso juzgó el espectáculo, concluyó que este gesto de humildad era tan sólo otro episodio más que probaba conclusivamente que Jesús nunca sería calificado como el libertador de Israel, y que él no había cometido un error al decidir que desertaría la causa del Maestro.
(1939.3) 179:3.5 Mientras estaban todos ellos allí de pie, anhelantes de asombro, Jesús dijo: «Pedro, yo declaro que, si no te lavo los pies, no participarás tú conmigo en lo que estoy a punto de realizar». Cuando Pedro escuchó esta declaración, juntamente con el hecho de que Jesús seguía de rodillas ahí a sus pies, tomó una de esas decisiones de aprobación ciega en cumplimiento del deseo de aquel a quien él tanto respetaba y amaba. Cuando empezó a ocurrírsele a Simón Pedro que en este propuesto acto de servicio había tal vez un significado que determinaba una conexión futura de uno con la obra del Maestro, no sólo se reconcilió con la idea de permitir que Jesús le lavara los pies sino que, con su manera característica e impetuosa, dijo: «Entonces, Maestro, lávame no sólo los pies sino también las manos y la cabeza.»
(1939.4) 179:3.6 El Maestro, al aprontarse para comenzar a lavar los pies de Pedro, dijo: «El que ya está limpio, tan sólo necesita que le laven los pies. Vosotros que os sentáis conmigo esta noche estáis limpios —pero no todos. Pero el polvo de vuestros pies debería haber sido lavado antes de sentaros a comer conmigo. Además, haré yo este servicio por vosotros como una parábola para ilustrar el significado de un nuevo mandamiento que pronto os daré».
(1939.5) 179:3.7 Del mismo modo el Maestro fue alrededor de la mesa, en silencio, lavando los pies de sus doce apóstoles, sin siquiera excluir a Judas. Cuando Jesús hubo terminado de lavar los pies de los doce, se puso el manto, retornó a su asiento de anfitrión, y después de mirar a sus apóstoles asombrados, dijo:
(1939.6) 179:3.8 «¿Comprendéis realmente lo que os he hecho? Me llamáis Maestro, y me llamáis bien, porque eso soy. Si, pues, el Maestro os ha lavado los pies, ¿por qué vosotros no queríais lavaros los pies unos a otros? ¿Qué lección debéis aprender de esta parábola en la que el Maestro tan voluntariosamente hace este servicio que sus hermanos no se ofrecían hacer unos para con los otros? De cierto, de cierto os digo: Un siervo no es más grande que su amo; tampoco es más grande el que es enviado que el que lo envía. Habéis visto el camino del servicio en mi vida entre vosotros, y benditos sois vosotros que tendréis el coraje y la gracia de servir así. Pero, ¿por qué seréis tan lentos en aprender que el secreto de la grandeza en el reino espiritual difiere de los métodos del poder en el mundo material?
(1940.1) 179:3.9 «Cuando entré a este aposento esta noche, no os conformabais con negaros orgullosamente a lavaros los pies unos a otros, sino que también caísteis en disputas entre vosotros sobre quiénes se merecían los sitios de honor en mi mesa. Esos honores los buscan los fariseos y los hijos de este mundo, pero no debería ser así entre los embajadores del reino celestial. ¿Acaso no sabéis que no puede haber sitio de preferencia en mi mesa? ¿Acaso no comprendéis que amo a cada uno de vosotros como a los demás? ¿Acaso no sabéis que el sitio junto a mí, que significa un honor entre los hombres, nada significa en cuanto a vuestro estado en el reino del cielo? Sabéis que los reyes de los gentiles tienen señorío sobre sus súbditos, y que los que ejercen esta autoridad son llamados a veces benefactores. Pero no será así en el reino del cielo. El que quiere ser grande entre vosotros, que sea como el más joven; y el que quiere ser jefe, que sea como el que sirve. ¿Quién es más grande, el que se sienta a comer, o el que sirve? ¿Acaso no se piensa comúnmente que el que se sienta comer es más grande? Pero observaréis que estoy entre vosotros como el que sirve. Si estáis dispuestos a ser consiervos conmigo para hacer la voluntad del Padre, en el reino venidero os sentaréis conmigo en poder, aún haciendo la voluntad del Padre en la gloria futura.»
(1940.2) 179:3.10 Cuando Jesús terminó de hablar, los gemelos Alfeo trajeron el pan y el vino, con las hierbas amargas y la pasta de frutas secas, que eran el plato siguiente de la última cena.